Actividad a partir de la canción Jueves de la Oreja de Van Gogh

A menudo a los maestros nos falta tiempo para trabajar a conciencia y con conocimiento de causa la educación socio emocional. Eso es debido a que muchas veces la falta de información, junto con la rigidez de horarios i el curriculum nos sirven de coartada para no poder hacer lo que en realidad nos interesa, pero al mismo tiempo también nos asusta un poco... (sigue)

Cuando tenemos claros los objetivos de una actividad determinada, poner énfasis en aquello que pretendemos se vuelve sencillo.

(con motivo del 5º aniversario de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid) dentro de las sesiones de desdoblamiento de la lengua catalana, se me ocurrió trabajar la canción Jueves de la Oreja de Van Gogh.

Se trata de un tema musical que a mí me estremece cada vez que lo escucho. Su argumento gira alrededor de la historia de un enamoramiento en un tren de cercanías y se concreta justo cuando tiene lugar el atentado. Sirve para trabajar el amor, las relaciones, el enamoramiento, la timidez, el terrorismo…

Un análisis detallado de cada estrofa permite entender el argumento y ayuda a que afloren un sinfín de emociones que el alumnado de sexto reconoce con facilidad.

Aprovechar una comprensión lectora (escuchamos la canción mientras cada cual leía silenciosamente la letra) para trabajar a la vez las emociones resulta fácil cuando lo que proponemos ha causado un impacto emocional (en nosotros mismos).

La canción nos permitió adquirir vocabulario, opinar, discutir y, sobre todo, sentir

Prácticamente toda la vida pasa por las emociones, por lo tanto, elegir como poema uno que tenga connotaciones especiales, hará más sencillo conseguir que los niños lo entiendan, lo sientan y lo aprecien.

Repetí la actividad 4 veces ya que tenía que hacerla con dos grupos. Cada sesión resultó diferente porque las aportaciones por parte del alumnado también lo fueron. Lo que sí se repitió fue alguna mirada con ojos vidriosos, algunas lágrimas, porque es difícil que las emociones nos dejen indiferentes.

Con este tipo de trabajo se educan las emociones, al tiempo que se trabaja la lengua.

Desarrollo de la actividad

Antes de escuchar la canción y como introducción a la actividad, es importante situar los alumnos en el atentado y que expliquen qué saben de lo que sucedió aquel día.

Como se trata de una canción actual, de un grupo famoso, muchos la conocen. Por eso después de escucharla todos juntos por primera vez, conviene hacer intervenir a los que la escuchan por primera vez, pidiéndoles que expliquen lo que han comprendido.

Siempre se genera cierta discusión porque cada cual interpreta según lo que se ha imaginado, lo cual motiva realizar una segunda lectura detallada.

Pera favorecer el centrarnos en la letra la segunda vez, se lee cada estrofa (sin poner la canción) y se extrae el máximo a partir de los objetivos que nos hemos marcado.

En el poema encontramos aspectos que no quedan reflejados, como el sexo de la segunda persona (la mayoría de los alumnos se imagina una relación heterosexual, pero una niña plateó si podía tratarse de otra chica). Tampoco se refleja la edad, dónde iban… Trabajar estas cuestiones favorece el desarrollo de la imaginación, ayuda a romper los tópicos y prejuicios y a valorar las aportaciones de los demás, diferenciando lo que es posible de lo que no lo es, teniendo en cuenta la información que nos facilita la canción.

Cuando se destacan las emociones y los sentimientos, resulta enriquecedor animar a los chicos a expresar experiencias propias en las que cada uno ha sentido aquello que se expresa en aquel verso o estrofa.

Objetivos

- Comprensión del poema (vocabulario, argumento, tema, aspectos literarios)
- Identificación de los sentimientos y emociones que expresa
- Expresión del que nos transmite
- Fomento de la imaginación
- Conocimiento de los acontecimientos históricos relacionados con el poema.

Competencias básicas
De las 8 competencias básicas, se trabajan 6:

- Competencia comunicativa lingüística y audiovisual
- Competencia artística y cultural
- Competencia de aprender a aprender
- Competencia de autonomía e iniciativa personal
- Competencia en el conocimiento y la interacción en el mundo físico
- Competencia social y ciudadana

Material

- Reproductor de Cds
- Un Cd con la canción Jueves de la Oreja de Van Gogh
- Una hoja que contenga la letra de la canción para cada alumno

Esta experiencia sólo pretende ser un punto de partida. Espero que os animéis a compartir las vuestras.

Aurora Bellés Educar, también las emociones

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Respeto para todos y siempre

En una sesión de expresión oral con alumnos de quinto (la tenemos cada lunes) arrancamos un interesante debate sobre la falta de respecto que se da en el deporte en general y en el fútbol en particular.

Un alumno había preparado la exposición que se titulaba "el partido del viernes". Nos explicó, con mucho detalle, el partido de fútbol sala que el equipo del colegio había jugado ese día... (sigue)

Como siempre, una vez acabada la charla abrimos el turno de palabra en el que procuramos que participe todo el mundo, ya que es una actividad que se realiza con medio grupo clase. La consigna es que hemos de destacar los aspectos positivos de la exposición y tenemos que presentar propuestas para mejorarla. Cuando todos habían dado ya su opinión, yo repetí una frase que había oído durante la exposición: "el árbitro estaba loco"....

Es necesario explicar que estoy especialmente sensibilizada con el tema porque, como madre, hace 13 años que asisto cada fin de semana a los partidos de fútbol de mi hijo.

En el momento de escribir este texto jugaba en segunda división con un equipo de su barrio "Sagrerenc". Me habían dicho ya que cuando se llega a juveniles la cosa se complica. No porque jugar al fútbol sea más difícil (sigue tratándose de dar patadas a una pelota y de procurar marcar goles en la portería contraria) sino porque el grado de agresividad en el juego y en la grada aumentan en progresión geométrica. De hecho lo he podido constatar. Desde que se inicia la temporada, en cada partido expulsan a más de un jugador por insultar al árbitro o por haber realizado alguna entrada en las que integridad física del contrario corre un serio peligro. Las tarjetas amarillas se multiplican y lo peor no pasa el campo. Los espectadores, que acostumbran a ser los propios padres, calientan el ambiente de tal manera que es imposible que los chicos, en una edad en que las hormonas están especialmente alteradas, puedan mantener un mínimo de calma. El rol del árbitro es bastante complicado porque se ve que el hecho de llevar colgado del cuello un silbato inspira a todo el mundo y da pie para ser diana de las barbaridades que podemos oír en cualquier campo de fútbol.

El momento de escribir este artículo, un chico ya no podrá jugar los próximos 9 partidos porque está sancionado como reincidente. Os puedo decir que incluso he tenido que invitar a su padre a que guardara silencio dada la cantidad de animaladas que era capaz de decir en pocos minutos, ya que es de aquellas personas que se transforman y pierden los papeles cuando se encuentran campo de fútbol.

Tras haber explicado esto vuelvo a la sesión de expresión oral.

Cuando los alumnos pensaban que habían acabado la actividad pregunté al niño que había hecho la exposición porque había dicho que el árbitro estaba loco y con un intencionado tono irónico le pregunté si aquél hombre les había enseñado un certificado el psiquiatra que así lo certificara. Noté como 24 ojos se clavaban en mi persona y después de unos instantes en incerteza y de mucha sorpresa el chico captó la ironía y nos aclaró que quería decir que el árbitro lo había hecho muy mal. Entre todos los que habían asistido al partido reprodujeron las escenas que estoy harta de presenciar en los campos de fútbol en los que está jugando esta temporada mi hijo y que me hacen avergonzarme. Iniciamos el debate y llegamos a la conclusión que: RESPECTO PARA TODOS Y SIEMPRE.

Deseo que estás palabras ayuden a pensar a todos los padres que, como yo, pasan muchas horas en los campos de deporte. No olvidéis que los adultos siempre somos modelos y ejemplo para nuestros hijos.

Aurora Bellés Educa, también las emociones

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Educar en los límites

Años atrás me sorprendió una conversación en la puerta del colegio de mis hijos. Una madre le preguntaba a una niña de cuatro años si quería hacer dieta a la hora de comer en el comedor de escuela, ya que tenía gastroenteritis... (sigue)

Desde hace tiempo se detecta una cierta relajación en algunas familias en lo que se refiere a la educación de los hábitos. Quizás como rechazo a la imposición generalizada de unas normas demasiado rígidas en una época anterior, se ha pasado a una falta autoridad y a un trato, por parte de los padres, que ralentiza el progreso de sus hijos.

Si bien en tiempos pasados los adultos tendían a actuar con sus hijos con rigidez y sin practicar con ellos el razonamiento, ahora vemos que se han invertido los mandos y son las criaturas las que de alguna manera actúan así con sus padres, imponiendo su voluntad y decidiendo aspectos de su vida que todavía no les toca decidir.

Los niños, desde el momento que nacen y hasta que sean lo suficientemente grandes, necesitan pautas y modelos que les ayudarán en el desarrollo de su personalidad y les conferirán un grado de confianza necesario para crecer adecuadamente pero por otro lado también necesitan sentirse amados y por lo tanto no pueden vivir constantemente bajo la mirada controladora de los adultos que les rodean.

Encontrar un punto de equilibrio entre la necesidad de hacer seguir una serie de normas que son ineludibles y la manera en que conseguimos que los niños las sigan, es la base para transmitir una educación positiva.

Para educar nos resulta imposible la aplicación de una fórmula matemática que siempre se resuelva de la misma manera. Ningún padre dispone de la varita mágica que le permita actuar correctamente delante de cualquier situación cotidiana. A menudo cometemos errores que, lejos de desanimarnos, tienen que llevarnos a reflexionar con el único objetivo de pulir día a día nuestro papel de educadores. La educación es un acto de intercambio continuo, en el que todas las personas que intervienen deben hacer concesiones. Pero no nos equivoquemos, los padres tienen la mayor parte de responsabilidad y estamos obligados a ejercerla.

A veces a los adultos nos cuesta tomar decisiones respecto a los hijos y relegamos nuestra responsabilidad en ellos. Los hay que piensan que por el poco tiempo que están juntos es mejor concederles la mayoría de sus caprichos, porque así los compensan. Otros, dejan que sean ellos quienes decidan para evitar enfrentamientos que se producirán, con toda seguridad, si no se les da lo que quieren.

Ninguna de estas actitudes los ayuda, ya que lo que ellos reciben, es que sus padres no les dan los referentes de seguridad que necesitan para poder crecer y tendrán que buscarlos en otro entorno.

Habitualmente en el colegio trabajamos los hábitos, las normas autonomía personal y de convivencia que necesitan, pero ciertamente serán mucho más difíciles de asimilar por el alumnado si en su casa no le marcan las pautas. Pero lo que tiene que tenerse en cuenta es que si consiguen alcanzarlos el colegio, sin que esta tarea continúe a nivel familiar, le servirá de bien poco. Todo lo que aprendan en el centro escolar, si no tiene una continuidad en el entorno de la familia, se manifestará nada más en el colegio y no serán capaces de generalizarlo a todos los ámbitos de su vida. ¡Cuántas criaturas tienen un comportamiento muy diferente en el colegio y en casa!

Afortunadamente, en la conversación que escuché hace años, la niña tuvo el suficiente sentido común para decidir hacer dieta y curarse así su gastroenteritis, espero que la madre, a día de hoy, haya conseguido también la suficiente madurez para poder tomar sus propias decisiones.

Aurora Bellés, Educa, también las emociones

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Educación emocional

En el curso 2007-08 en el CEIP Antoni Balmanya recibimos como formación un seminario de "tutoría y educación emocional". Nuestra formadora fue Anna Carpena, profesora especializada en pedagogía terapéutica y maestra de primaria... (sigue)

La necesidad de educar nuestras emociones ha quedado recogida por primera vez en la ley de educación: la LOE.

Nuestra escuela edita trimestralmente un boletín en el que Anna Carpena tuvo la amabilidad de colaborar con el siguiente artículo.

A finales del siglo XX se cuestionó el concepto tradicional de inteligencia, según el cual las capacidades lógico matemáticas y las lingüísticas tienen capital importancia, y al mismo tiempo se da a entender que en cada persona se encuentran otros potenciales que la capacitan para el desarrollo de facultades necesarias para el individuo y la sociedad. De ese cuestionamiento salió el concepto de inteligencia emocional que se define como potencial, como un conjunto capacidades, el desarrollo del cual permite asumir una relación armónica con uno mismo y el entorno social.

Paralelamente a la aparición de este enfoque, desde la neurociencia se han ido haciendo aportaciones que demuestran la naturaleza biológica de las emociones y los sentimientos, el papel que tiene el cerebro y de qué manera la parte emocional de cada persona afecta el conocimiento, la razón y la relación con los demás ya que están presentes en toda toma de decisiones y en toda acción humana.

Estos nuevos planteos nos ayudan a comprender mejor al ser humano y nos llevan a formularnos a pregunta: ¿Qué tenemos que hacer para desarrollar la inteligencia emocional? La respuesta es la educación emocional. Es a través de la educación que podrán desarrollarse las diferentes competencias emocionales. Este proceso puede darse durante todo la vida, a diferencia de las capacidades intelectuales, que pueden desarrollarse hasta los 12 o 13 años.

El entorno de los niños es determinante para su educación y, en el tema que nos ocupa, lo es el entorno afectivo y el modelo de gestión emocional de los adultos cercanos. El ejemplo que dan los padres, y otros educadores, por lo que hace la manera como regulamos nuestras emociones y sentimientos y nuestra forma de relacionarnos con los demás será fundamento del desarrollo emocional de la criatura. Tenemos que comprender, entonces, la necesidad de que los educadores tengamos buenas competencias emocionales y sociales.

Entre los objetivos generales de la educación emocional podemos destacar los siguientes:

-adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.
-Desarrollar la capacidad de regular emociones y sentimientos.
-Desarrollar la capacidad de generar y disfrutar de emociones positivas.
-Identificar y comprender las emociones de los demás.
-Desear el propio bienestar y desear el bienestar del prójimo.
-Mejorar la capacidad de tomar decisiones y de actuar.

El objetivo final de todo el proceso es la felicidad, una felicidad comprendida, no sólo con el propio bienestar sino con el bienestar de los demás. Este objetivo será difícil de lograr si continuamos educando sólo la parte intelectual y la conductual, olvidando la dimensión de la persona que acompaña siempre la esencia humana: la emoción.

En nuestra cultura, eminentemente racionalista, a los sentimientos se les ha concedido la categoría de estorbo y se nos ha hecho llegar la consigna de "no sentir" como ideal racional. Hoy en día, se ha evidenciado que los sentimientos existen igualmente, aunque nos empeñemos en negarlos y que con esta negación corremos el peligro de ser sometidos por ellos. En el momento en que los sentimientos son conocidos racionalmente y se toma consciencia de las conductas que provocan, las posibilidades de actuar acertadamente aumentan.

Como dice Michel Lacroix, en el culto a la emoción, la capacidad de expresar y de sentir emociones es indispensable para la adopción de comportamientos racionales. Nadie está más expuesto al error que las personas que sólo actúan por reflexión.

Nosotros somos nuestros sentimientos y la manera en que nos entendemos con ellos. Cuanto más pronto-niños y educadores-iniciemos este entendimiento, más probabilidades de cambio individual y colectivo estaremos favoreciendo.

Anna Carpena

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Decir no también educa

Hace unos meses, el psicólogo Roger Jover dio una charla interactiva en el CEIP Antoni Balmanya con la participación de padres y maestros. El acto fue organizado por el APA de la escuela y con la colaboración de la FAPAC y la IMEB... (sigue)

El señor Jover inició su parlamento explicando que es necesario crear hábitos familiares en lo que se refiere a la alimentación, el sueño, la higiene y el orden para que tenga sentido decir no nuestros hijos. Para conseguirlo es necesario trabajarlos como rutinas ajustados a la edad de cada niño con el objetivo de conseguir que sean autónomos. Es importante estimular estos hábitos a través del refuerzo positivo.

¿Cómo podemos hacer en casa para crear un hábito o cambiarlo?

Es difícil conseguirlo sin dedicarle tiempo y paciencia, por eso debemos escoger el mejor momento para poder ser constantes, una vez decidido el hábito que queremos que asuman nuestros hijos o cual queremos cambiar. Si no lo tenemos claro es mejor dejarlo para más tarde, ya que si iniciamos el trabajo sin constancia los niños reciben el mensaje que aquello no hace falta hacerlo siempre y por lo tanto ese hábito queda desvirtuado. Por ejemplo, no será un buen momento para conseguir que nuestro hijo haga pipí en el inodoro si nuestro trabajo nos obliga a viajar. Aunque pueda ser conveniente hacerlo es mucho mejor esperar a las vacaciones de verano para poder darle el tiempo y la suficiente dedicación.

También debe quedar claro que los adultos debemos mostrar coherencia: no podemos decir una cosa mientras estamos haciendo otra. Si consideramos que la verdura es necesaria para una buena alimentación, deberemos comerla nosotros también, las criaturas no pueden comprender que aquello que nos parece bueno para ellos no lo sea también para nosotros.

En la adquisición de los hábitos cuando sea necesario tiene que haber flexibilidad. Es fundamental ser conscientes que cualquier hábito puede tener ocasiones en que lo saltemos. Continuando con el ejemplo de la alimentación todo el mundo puede comprender que si vamos a comer a un restaurante permitiremos que nuestro hijo escoja aquello que más le gusta aunque no consideramos que sea lo más nutritivo para él.

Para que todo esto tenga sentido está claro que es necesario envolverlo de afectividad y amor, la base de nuestra relación con ellos.

Tenemos que comunicarles que les queremos y que nos importan. Hacerlo está relacionado con poner límites y por lo tanto con saber decir no cuando toca. Los niños esclavos de sus deseos pierden libertad y autonomía. Por otro lado, también es necesario tener en cuenta que "los niños que no están motivados para esforzarse o que no disfrutan con su autonomía son niños que han sido educados para conseguir las cosas incluso sin haberlas pedido".

Así pues, para educar, padres y maestros, debemos tener una actitud positiva frente a los conflictos. Si decimos siempre que sí, evitamos los enfrentamientos, pero no estamos educando. De la misma manera no podemos decir siempre que no. Ninguno de los dos extremos es educativo.

Un NO a tiempo es un acto de amor ya que el diálogo no lo resuelve todo. Para que él NO resulte efectivo es necesario decir aquello que queremos que hagan y no sólo lo que no han de hacer. Por ejemplo, en lugar decir “no saltes encima del sofá”, se puede explicar, “el sofá sirve para sentarse” y debe hacerse con autoridad, sin dudar.

Los padres debemos practicar unos conceptos importantes:

Empatía: capacidad de ponernos el lugar nuestros hijos.
Asertividad: capacidad de relacionarnos con ellos de igual a igual, sin sentirnos ni por encima de por debajo.
Comunicación: entendida como la capacidad de hablar para que los niños escuchen y escuchar para que ellos hablen.
Disciplina: entendida como la capacidad de hacerles hacer aquello que consideramos bueno para ellos.

La charla fue muy interesante. Ahora es el momento de ponernos las pilas y cada familia decida por donde empezar a mejorar.

Aurora Bellés, Educa, también las emociones

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