Decir no también educa

Hace unos meses, el psicólogo Roger Jover dio una charla interactiva en el CEIP Antoni Balmanya con la participación de padres y maestros. El acto fue organizado por el APA de la escuela y con la colaboración de la FAPAC y la IMEB... (sigue)

El señor Jover inició su parlamento explicando que es necesario crear hábitos familiares en lo que se refiere a la alimentación, el sueño, la higiene y el orden para que tenga sentido decir no nuestros hijos. Para conseguirlo es necesario trabajarlos como rutinas ajustados a la edad de cada niño con el objetivo de conseguir que sean autónomos. Es importante estimular estos hábitos a través del refuerzo positivo.

¿Cómo podemos hacer en casa para crear un hábito o cambiarlo?

Es difícil conseguirlo sin dedicarle tiempo y paciencia, por eso debemos escoger el mejor momento para poder ser constantes, una vez decidido el hábito que queremos que asuman nuestros hijos o cual queremos cambiar. Si no lo tenemos claro es mejor dejarlo para más tarde, ya que si iniciamos el trabajo sin constancia los niños reciben el mensaje que aquello no hace falta hacerlo siempre y por lo tanto ese hábito queda desvirtuado. Por ejemplo, no será un buen momento para conseguir que nuestro hijo haga pipí en el inodoro si nuestro trabajo nos obliga a viajar. Aunque pueda ser conveniente hacerlo es mucho mejor esperar a las vacaciones de verano para poder darle el tiempo y la suficiente dedicación.

También debe quedar claro que los adultos debemos mostrar coherencia: no podemos decir una cosa mientras estamos haciendo otra. Si consideramos que la verdura es necesaria para una buena alimentación, deberemos comerla nosotros también, las criaturas no pueden comprender que aquello que nos parece bueno para ellos no lo sea también para nosotros.

En la adquisición de los hábitos cuando sea necesario tiene que haber flexibilidad. Es fundamental ser conscientes que cualquier hábito puede tener ocasiones en que lo saltemos. Continuando con el ejemplo de la alimentación todo el mundo puede comprender que si vamos a comer a un restaurante permitiremos que nuestro hijo escoja aquello que más le gusta aunque no consideramos que sea lo más nutritivo para él.

Para que todo esto tenga sentido está claro que es necesario envolverlo de afectividad y amor, la base de nuestra relación con ellos.

Tenemos que comunicarles que les queremos y que nos importan. Hacerlo está relacionado con poner límites y por lo tanto con saber decir no cuando toca. Los niños esclavos de sus deseos pierden libertad y autonomía. Por otro lado, también es necesario tener en cuenta que "los niños que no están motivados para esforzarse o que no disfrutan con su autonomía son niños que han sido educados para conseguir las cosas incluso sin haberlas pedido".

Así pues, para educar, padres y maestros, debemos tener una actitud positiva frente a los conflictos. Si decimos siempre que sí, evitamos los enfrentamientos, pero no estamos educando. De la misma manera no podemos decir siempre que no. Ninguno de los dos extremos es educativo.

Un NO a tiempo es un acto de amor ya que el diálogo no lo resuelve todo. Para que él NO resulte efectivo es necesario decir aquello que queremos que hagan y no sólo lo que no han de hacer. Por ejemplo, en lugar decir “no saltes encima del sofá”, se puede explicar, “el sofá sirve para sentarse” y debe hacerse con autoridad, sin dudar.

Los padres debemos practicar unos conceptos importantes:

Empatía: capacidad de ponernos el lugar nuestros hijos.
Asertividad: capacidad de relacionarnos con ellos de igual a igual, sin sentirnos ni por encima de por debajo.
Comunicación: entendida como la capacidad de hablar para que los niños escuchen y escuchar para que ellos hablen.
Disciplina: entendida como la capacidad de hacerles hacer aquello que consideramos bueno para ellos.

La charla fue muy interesante. Ahora es el momento de ponernos las pilas y cada familia decida por donde empezar a mejorar.

Aurora Bellés, Educa, también las emociones

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